Maná.Alguna vez, se supo de un guitarrista electrocutado en escena por su instrumento. Otra, de un coleccionista aplastado por su colección, cuando el escaparate en el que guardaba 1.723 discos de 48 y 33 le cayó encima. Incluso, dicen que los uruguayos no gustan de los tangos, sin embargo, son felices oyéndolos, porque en cada tango sufre por lo menos un argentino. Pero estos casos no son lo peor de la connotación romántico-depre-suicida de la música. Las estadísticas no dicen cuántas personas han muerto ayudadas por esos sonidos que entran y taladran hasta los sesos más duros en momentos en que sus dueños no se encuentra muy bien de ánimo.La música, al igual que los dibujos animados, es por lo general bonita y violenta. O si no, cómo se puede definir aquella estrofa de: “Préndeme fuego si quieres que te olvide/pégame tres balazos en la frente/ haz con mi corazón lo que tu quieras/ y después por amor, declárate inocente…”. Yo no sé si soy muy falto de amor, pero a semejante ignominia no me someto jamás. Eso sería atentar contra la integridad física y ahí sí no juego. Y perlas como esta se pasean por cunas, pesebres, cantinas, buses, ascensores, peluquerías, minitecas, salas de exhibición y ventas de acrílicos, salas de alquiler por horas de computadores, puestos de vigilancia y puntos de canje.SITIO DESAFINADOSi el reino de los músicos existiera, por las leyes que han sentenciado algunos de ellos, creo que sería de los peores vivideros de la tierra. En las calles aparecerían vallas como: “Échame en los ojos un puñao de arena…”, “Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta”, “Por tí, contaría la arena del mar”, “-Porai- dejé la botella, donde me bebí tu amor”, “La quiero a morir”, “Sin tí, no podré vivir jamás”, “Cuan reptil ponzoñoso/ tu cuerpo se desliza”, “Miro una estrella y deja de brillar, toco una flor y se ha de marchitar, negra suerte la que me tocó″.Eso, sin hablar de la famosa música de carrilera, que asociándola con las caricaturas sería el Correcaminos del pentagrama: “Si no me querés, te corto la cara…”, por citar sólo el máximo ejemplo. Definitivamente, hay canciones que se deben escuchar con armadura, cortan desde relaciones hasta venas. Ponen a chapaliar al corazón más racional y se pegan a las víceras hasta que las ponen a destilar sus peores compuestos.La música sirve para todo. De ahí que Les Luthiers compuso la célebre canción Felicidades en el día menos pensado. Es útil para colocarle una entradilla a los artículos, para acompañar el tiempo perdido en los baños y buses, acordarse de bobadas y hasta cometer accidentes: “quiero corre por tu cuerpo como agua caliente” (Se imagina el quemón. ¿La quiere o la odia mucho para dejarle semejante ampolla?).En fin, ¡que viva la música!